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La muerte del Rey

La muerte del Rey Martín I el Humano

En la medianoche del 30 de mayo de 1410, postrado en su lecho real del monasterio de Valdoncella, el rey Martín I agonizaba entre temblores. A su lado, aferrando la mano del último rey, el jurado Ferrer de Gualbes observaba al monarca en los primeros estertores de la muerte. Tras un silencio que pareció durar años, el jurado repitió la misma pregunta que él y su embajada le habían formulado la noche anterior: “Señor, ¿dais fe que el sucesor de vuestros reinos y territorios ha de ser escogido mediante la justicia?”. Y sin abrir los ojos, con un hilo de voz entrecortado, el rey contestó “Hoc”, lo que en provenzal y catalán antiguos significaba Sí. Ante el silencio de la cámara real, Martín I repitió esta escueta palabra dos veces más, antes de dejar de respirar para siempre.

El 29 de diciembre de 1406 falleció la reina María de Luna, quien le había dado cuatro hijos (Martín, Jaime, Juan y Margarita), de los cuales ninguno sobreviviría a su padre ni dejaría descendencia legítima alguna.

El último en fallecer fue Martín el Joven, en 1409, a causa de unas fiebres. Esto obligó a Martín I a contraer un nuevo matrimonio con la joven Margarita de Prades el 17 de septiembre de ese mismo año, pero de esta unión no nació ningún hijo.

El rey intentó legitimar a su nieto bastardo Fadrique de Luna (concebido por Martín el Joven y la noble siciliana Tarsia Rizzari), al cual trajo a la Península para poder educarlo, pero no encontró el apoyo político suficiente para convertirlo en su heredero y la comisión de expertos destinada a dilucidar la cuestión de la sucesión no se puso de acuerdo.

El 31 de mayo de 1410, moría Martín I a los 54 años sin haber nombrado un sucesor, abriéndose entonces un interregno de dos años en el que se disputaron el trono hasta seis pretendientes, entre ellos su nieto.

Con licencia http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/deed.es