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El último cónclave: El Compromiso de Caspe

El último cónclave: El Compromiso de Caspe

El 22 de abril de 1412 se inician las deliberaciones de los compromisarios, que disponen de un plazo temporal de dos meses para obtener un resultado.

El Compromiso de Caspe supone un hito genuino y único en la historia medieval del Occidente europeo. Una coyuntura que permitió solucionar mediante la justicia y la ley un pleito sucesorio cuya solución era, habitualmente, el camino de las armas y la guerra civil. Sin duda, para que se dieran estos factores parlamentarios en la baja Edad Media debían mediar una serie de elementos estructurales básicos, que no eran sino los propios de las relaciones institucionales aragonesas, catalanas y valencianas. Lo que se ha dado en llamar pactismo aragonés, por el cual las cortes ejercían un verdadero cogobierno junto a los monarcas, estaría detrás en esta forma de dirimir el asunto.

De abril a junio de este año, los nueve compromisarios analizaron documentos, recibieron embajadas y deliberaron durante las principales horas del día. La primera prerrogativa dada en la Concordia de Alcañiz que exigía obtener el veredicto para finales de mayo, fue prorrogada hasta finales de junio. Finalmente, fray Vicente Ferrer comunicaba el 24 de junio de 1412 la elección tomada por los nueve diputados, cuya designación coetánea jamás fue la de compromisarios.

Aunque la versión que contó Jerónimo Zurita en sus Anales de la Corona de Aragón (1562-1580, lib. XI, cap. 87) narraba que hubo una votación en la que seis compromisarios (los tres aragoneses: Domingo Ram, Francisco de Aranda, Berenguer de Bardají; dos valencianos: los hermanos Ferrer; y un catalán: Bernardo de Gualbes) respaldaron la candidatura de Fernando de Trastámara, mientras que los otros dos compromisarios catalanes votaron por Jaime de Urgel y el tercer compromisario valenciano se abstuvo, no hay documentación coetánea que confirme que se dieron estas votaciones secretas; la propia notarial de la época informa de que la decisión se había efectuado mediante consenso, sin señalar discrepancias y aprobando las propuestas por unanimidad. Este mismo tenor muestra el acta original notarial de proclamación de Fernando de Antequera como rey de Aragón por los compromisarios el 25 de junio de 1412 y el resto de actas, escritos y testimonios oficiales recogidos en los parlamentos de Aragón, Valencia y Cataluña. Todos coinciden en que los compromisarios dieron su conformidad unánimemente a la designación de Fernando, aunque la afirmación de Zurita, con todo, nos puede hacer pensar que para evitar discrepancias futuras muy posiblemente se diera esta unanimidad como la oficial, sin mostrar las votaciones secretas y cuitas, que es de imaginar que las habría. Lo confirma, asimismo, que el mensajero que llevó la noticia a la asamblea catalana de Tortosa, Melchor de Gualbes, contestó a las preguntas del obispo de Gerona acerca del modo en que se había realizado la proclamación que fue por «las nueve personas en gran y feliz concordia», de igual modo se expresa el informe elaborado por los representantes del parlamento de Cataluña; además, a instancias de algunos de sus diputados, los tres miembros catalanes del Compromiso de Caspe declararon que «en todo momento habían sido libres y sin miedo de presiones» y que al final del proceso «todos eran de la misma opinión».

Así pues, Fernando de Trastámara fue proclamado rey el 28 de junio de 1412 como Fernando I de Aragón, quien el 5 de agosto entró en Zaragoza, donde juró su título ante las Cortes junto a su hijo Alfonso.

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